La magia del suelo vivo: la visión regenerativa de un productor del Chaco

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Listelo

Serge Listello es un productor agropecuario del sudoeste de la provincia de Chaco. Nació en Francia y hace 37 años que trabaja en la zona. Junto a su hijo, mejoraron la eficiencia de sus campos con agricultura y ganadería regenerativa.

Serge Listello y su hijo Nicolás integran la agricultura y la ganadería regenerativa en 1000 hectáreas de campo mediante un sistema de rotación. Ambos están abiertos a experimentar con nuevos enfoques orientados a la sostenibilidad y la conservación del bosque nativo.   

Desde The Nature Conservancy (TNC) acompañan y asesoran técnicamente a Serge, quien desde el corazón productivo de la provincia de Chaco asegura: “Producir con responsabilidad ambiental y compromiso social no debería ser una excepción, sino la norma”. 

En esta entrevista con TNC Argentina, Listello explica por qué trabajar con esta visión es elemental para aumentar la productividad y asegurar la vida útil de los suelos. 


¿Cómo fueron tus inicios en la agricultura, la ganadería y emprender en el campo?

Llegamos acá, al Gran Chaco, por varios motivos. Primero, por el gusto por los grandes espacios naturales, por las grandes extensiones. Después, por la posibilidad de tener iniciativa propia, de emprender. Observando la naturaleza, sabiendo esperar, pensando antes de tomar grandes decisiones… fue un combo de diferentes factores que me permitieron llegar a lo que tenemos hoy en día: un establecimiento rural que se dedica a la producción de alimentos, a la agricultura y ganadería regenerativa. 

Seguramente lo que me ayudó a tomar todas esas decisiones fue haber conocido el campo en Francia y a mi abuelo paterno. Él me enseñó muchas cosas sobre la observación, sobre una forma de entender la naturaleza. Por supuesto, también desde chico trabajé con mi papá en el campo, hasta que me vine acá al Gran Chaco. Ahí estábamos inmersos en la agricultura más tradicional. Mi abuelo y mi padre influenciaron mucho mi forma de ver la producción agropecuaria. 

Lo que más disfruto es producir alimentos de la mejor manera posible y con la más alta calidad. Pero no se trata solo del producto final: también valoro profundamente el entorno en el que trabajamos. Me importa que el ambiente donde producimos sea respetado, cuidado y, sobre todo, disfrutado. Creo en la importancia de contar con un lugar de trabajo que sea agradable, digno y noble. No solo para los propietarios, sino también para los empleados, los contratistas, todos los que colaboran con nosotros y las personas que nos rodean. Aspiro a que sea un espacio en el que dé gusto estar, donde el trabajo se viva con orgullo y respeto por la naturaleza sin degradar el ambiente.

Definitivamente, fue mi elección profesional, pero también mi pasión. Hoy en día, con un poco de experiencia, me doy cuenta de que fue —y sigue siendo— mi pasión. 


¿Cómo descubriste esta profesión o vocación, qué te motivó?

Siempre quise ser productor agropecuario, nunca me imaginé haciendo otra cosa. De chico, recuerdo cuando visitábamos familiares en la ciudad. Me preguntaban qué quería ser cuando fuera grande. Yo tenía menos de once años, y siempre respondía: “Como mi papá”. 

No era una idea impuesta ni una expectativa ajena. Lo sentía profundamente, como algo natural. Y ahí está la magia: soy productor agropecuario porque lo llevo en el corazón, pero también porque me apasiona la naturaleza. El contacto con ella es esencial para mí. Estar tres días encerrado en una oficina simplemente no va conmigo. Necesito estar afuera, al aire libre, observando, trabajando, entendiendo por qué funciona lo que funciona y cómo podemos mejorarlo. Esa conexión directa con el entorno, con los ciclos de la tierra, es lo que me impulsa cada día. 

Hablaste de magia y naturaleza, ¿cómo ves todo eso aplicado en tu campo, tu experiencia?

Me gusta innovar. Siempre tengo esa inquietud de mejorar las cosas. Es una pasión también. Y últimamente, mi hijo tiene la misma pasión. Él fue descubriendo la agricultura regenerativa. Empezó con ganadería regenerativa en el campo, y después pasamos a la agricultura regenerativa. Porque también vimos que la agricultura convencional, o la siembra directa de hace 20 años -que aportó mucho- todavía tiene mucho por mejorar. Y en eso estamos; yo soy de los que piensa que hay que evolucionar siempre. Mi hijo fue quien incorporó todo ese nuevo conocimiento, y como compartimos la misma visión, le dejé el manejo en sus manos. La verdad, da muchísima satisfacción.

Y la magia, la magia en serio, es la vida que tenemos en el suelo, en las plantas, en toda esa relación armoniosa que nos permite vivir en un ambiente mucho más agradable. La magia la vamos conociendo en la medida en que entendemos cada vez más los fenómenos naturales: la vida del suelo, las plantas, su capacidad de adaptación, de resiliencia y cómo nosotros prosperamos en el entorno natural también. Todos esos fenómenos naturales se complementan. No hay competencia, sino complementación. Esa es la verdadera magia.

Y lo que tenemos que entender de esa magia es que debemos respetarla y conocerla cada vez más, para poder utilizarla, ayudarla, y no querer controlarla. Eso es muy importante.

¿Cómo imaginás el futuro de la producción de alimentos?

Creemos que es fundamental seguir abasteciendo a la población mundial con un volumen suficiente de alimentos, pero también es urgente mejorar su calidad. Ese es el punto donde podemos crecer: acceder a mercados que reconozcan y valoren esa calidad, y que estén dispuestos a pagar precios diferenciados por productos que cumplen con estándares superiores. 

El camino está en construir una cadena de valor que no solo premie la excelencia del alimento que podemos producir, sino también el respeto por el buen uso de los suelos y los recursos naturales de nuestro planeta. Porque producir con responsabilidad ambiental y compromiso social no debería ser una excepción, sino la norma. 

También es importante tener diversidad de alimentos. La calidad no es solo el valor nutritivo, sino también nos ayuda a evitar problemas de contaminación por agroquímicos. Y ofrecer una diversidad cada vez mayor de alimentos a la población es otro desafío. La alimentación saludable se basa en alimentos de calidad, pero también en diversidad de base alimentaria. Es un punto que debemos trabajar. 

¿Y qué consejo dejarías a los productores o a nuevas generaciones de productores?

No le tengan miedo a ser productores. Anímense, busquen información de su zona, identifiquen los problemas que quieren solucionar. Empiecen de a poquito, para entender y comprender el sistema, y tomar las mejores decisiones posibles. Cuando logren eso, van a empezar un camino muy llevadero y muy agradable del progreso. Producir, tanto como emprender, innovar y hacer es un camino que, si lo tomamos con responsabilidad, consciencia y con visión de un futuro regenerativo, sin duda que nos traerá sus beneficios a largo plazo y de manera sostenida. Invertir en la naturaleza es invertir en nuestra salud y en el bienestar de las generaciones futuras. 

Serge y Nicolás destinan más de 600 hectáreas a la agricultura, el 50% en rotación con gramíneas (maíz o sorgo) y el otro 50% a soja. Además, han implantado casi 400 hectáreas con pasturas para la cría y engorde de ganado. Los animales pastan en parcelas rotativas durante la etapa de recría, con suplementación en el destete y el engorde.  

Cada lote conserva bosques en pie en el 20% de su superficie, lo que permite una conectividad fluida entre parcelas vecinas. TNC está patrocinando al Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) de Argentina para llevar adelante dos proyectos piloto que buscan medir los resultados de ensayos de intensificación agroecológica con cultivos de servicio.

*CORTESÍA: Equipo de prensa de The Nature Conservancy (TNC)

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