Coparticipación federal: el desafío de competir entre iguales

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Por Víctor Zimmermann

La Argentina tiene una deuda pendiente desde hace décadas: avanzar hacia un nuevo régimen de coparticipación federal que garantice previsibilidad, equidad y oportunidades de desarrollo para todas las provincias. Cuando me tocó presidir la Comisión de Coparticipación Federal de Impuestos del Senado, impulsé este debate convencido de que no se trata solamente de discutir porcentajes, sino de definir cómo distribuimos los recursos y qué condiciones necesita cada jurisdicción para desarrollar su potencial. El objetivo debe ser claro: que podamos competir entre iguales.

La reciente reunión informativa de la comisión, presidida por su presidente, el senador Eduardo Vischi, y bajo el título “Repensar la coparticipación: del diseño federal a la realidad de las provincias”, le dio continuidad a una discusión indispensable para el futuro del país. Las exposiciones de Guido Zack, de Fundar; Luciano Laspina, director ejecutivo de CIPPEC; Lisandro Nieri, diputado nacional por la UCR; y Roberto Dib Ashur, ministro de Economía de Salta, junto con la participación de representantes económicos de distintas provincias y senadores, aportaron perspectivas y propuestas para abordar los desequilibrios del federalismo fiscal.

La necesidad de reformar el sistema es evidente. La Ley 23.548, sancionada en 1988 con carácter transitorio, continúa siendo la base del régimen vigente, pese al mandato constitucional de avanzar hacia una nueva ley. Mientras tanto, las provincias asumen responsabilidades crecientes en materia de servicios e infraestructura, con recursos y capacidades fiscales muy diferentes. Necesitamos reglas claras, criterios objetivos de distribución y acuerdos políticos amplios que permitan superar una postergación que lleva décadas.

Esta discusión adquiere especial relevancia ante el crecimiento de las exportaciones argentinas y las perspectivas de expansión de sectores estratégicos como la energía y la minería. Vaca Muerta y los grandes proyectos mineros representan oportunidades extraordinarias para generar inversiones, divisas y empleo. Sin embargo, una parte de los recursos fiscales vinculados con estas actividades no integra la masa coparticipable y, por lo tanto, no se distribuye automáticamente entre las provincias mediante el régimen general. Debemos analizar cómo lograr que esta transformación productiva contribuya al desarrollo del conjunto del país.

El federalismo no puede limitarse a reconocer dónde se produce la riqueza, debe generar condiciones para que todas las regiones puedan crecer. No se trata de enfrentar a las provincias productoras con las demás, ni de reclamar privilegios, sino de evitar que las diferencias estructurales se traduzcan en desigualdades permanentes. El crecimiento de las exportaciones debe ser una oportunidad para fortalecer la infraestructura, la conectividad y las capacidades productivas en todo el territorio nacional.

El Chaco y las provincias del Norte tienen un enorme potencial en el agro, la industria, el comercio y las economías regionales. Pero para producir más, agregar valor, atraer inversiones y generar empleo hacen falta rutas, energía, logística, financiamiento y condiciones tributarias adecuadas. No podemos exigirles a nuestras economías regionales que compitan en igualdad de condiciones si parten de realidades estructuralmente diferentes. Una política federal debe reconocer esas asimetrías y trabajar para reducirlas, de modo que el lugar de nacimiento no determine las oportunidades de progreso.

Por eso, la reforma de la coparticipación debe formar parte de una discusión más amplia sobre el federalismo fiscal, que incluya la distribución de los ingresos, las responsabilidades de cada nivel de gobierno, las asignaciones específicas y los incentivos para fortalecer los recursos propios de las provincias. No alcanza con repartir mejor lo que existe; también debemos crear las condiciones para que todas las jurisdicciones puedan sostener los servicios esenciales, invertir y desarrollar sus economías. Para lograrlo, necesitamos diálogo, información confiable y voluntad política para construir un acuerdo duradero.

Cuando impulsamos este debate desde la comisión, lo hicimos con la convicción de que el federalismo debe traducirse en oportunidades reales para todos los argentinos. Hoy, frente al crecimiento de las exportaciones y la transformación productiva que atraviesa el país, esa convicción es todavía más importante. Queremos una Argentina en la que Vaca Muerta y la minería impulsen el desarrollo nacional, y en la que el Chaco y las demás provincias puedan desplegar todo su potencial. Una coparticipación más justa es una condición necesaria para construir un país más equilibrado, donde todas las provincias tengan la oportunidad de crecer y competir entre iguales.

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