La derrota de Donald Trump inicia una época global que potenciaría la influencia de Xi Jinping y León XIV

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El presidente de EEUU diseñó una estrategia para contener al régimen comunista, minimizar el peso moral del Papa y controlar las reservas de minerales críticos que ayer concluyó con la victoria demócrata en las elecciones.

La derrota de Donald Trump en los comicios de medio término implica la muerte súbita de su proyecto geopolítico y la oportunidad para Xi Jinping y León XIV de asumir una mayor influencia global, que el presidente de los Estados Unidos intentó aplacar desde la Casa Blanca.

Trump inició su segundo mandato con una guerra de tarifas contra China que impactó en las economías de sus aliados en América Latina, Europa y Asia. Esa estrategia comercial melló los lazos históricos y empezó a afectar la economía doméstica.

La victoria del partido Demócrata, que ahora va a controlar las mayorías parlamentarias, se apoya en el aumento del desempleo, el incremento de la inflación y la necesidad de recuperar un estilo de vida que Trump astilló con su regreso a Washington.

Xi no expone su poder a la voluntad popular, toma decisiones políticas en forma vertical y su ética no responde a los conceptos básicos de libertad. Trump intentó balancear esa lógica de poder, pero utilizó un método que ayer rechazó la sociedad americana.

Estados Unidos quedó en extrema debilidad, y Xi aprovechara esa situación para potenciar sus lazos con Rusia, Irán y Brasil, que son bastiones regionales que operan contra los intereses permanentes de Washington.

La agenda internacional de la Casa Blanca quedó dañada, y el partido Demócrata utilizará su poder para condicionar a Trump y preparar su campaña presidencial de 2028. En este impasse político, Xi y sus aliados avanzarán en posiciones que Estados Unidos pretendía retener.

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